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Zúñiga, señor de Tayacaja y de la poesía

Amén de esta obra proficua -y profusa- él es un infatigable animador cultural, lo que se transparenta en su reputado programa, Poetas en su café, próximo a reiniciarse.

Carlos Zúñiga Segura. Escritor y editor.

    “Ahora sabemos que todas las cosas
                    renacerán cada mañana 
                    en amadas auroras.”
                               C.Z.

Winston Orrillo
Revista Mariátegui
23/05/21

Nacido en Pampas, capital de la Provincia de Tayacaja, Región Huancavelica, el año 1942, Carlos Zúñiga Segura, es no solo un intenso poeta, sino que es editor y antólogo, desde hace cuarenta y cinco años: funda el 23 de setiembre de 1975, la revista de poesía, La manzana mordida y Ediciones Capulí.

Es, por tanto, editor y difusor de la lírica, y él mismo, ha publicado los siguientes poemarios: Inauguración de la ausencia, Imperio del azar, Hijos del arcoíris, Aeroestrella, Señor de Marbella, Estambres de plenilunio, Ángeles en sandalias azules, Memorias de Santiago Azapara Gala, Gran Señor de Tayacaja; y los relatos, Virgen Purisima y Flor de Purhuay.

Libro Flor de Puruhuay.

Amén de esta obra proficua -y profusa- él es un infatigable animador cultural, lo que se transparenta en su reputado programa, Poetas en su café, próximo a reiniciarse, allende la siniestra pandemia que nos agobia.

Independiente de los altos méritos enunciados -y de muchos otros más- la generosa personalidad de Carlitos Zúñiga, es reconocida por todos: no hay poeta joven que se le acerque, que no reciba su palabra cordial y su ánimo para que continúe en el camino de las musas.

Pero, independientemente de todo lo enunciado anteriormente, él no descuida, jamás, su propia obra creativa, que hoy nos llega con su nuevo hijo: el pulquérrimo poemario –“Ediciones Capulí, 2021”-, en el breve pero intenso texto, Cabalística lluvia, rebrota el canto de las primicias (Poesía reunida), que viene prologado por el relevante creador, Dimas Arrieta Espinoza, quien, con mirada zahorí, devela el suelo y el subsuelo de este poemario sui generis, y enuncia que “Realmente es un canto de primicias su poesía reunida”, que “nos puede acercar a sentir la eternidad”, “con el rebrote de este canto de primicias.”

Y concluye diciendo “poesía con nombre propio, escrita con lenguaje único y con solvencia discursiva”

Gran análisis, pues, de a quien Dimas Arrieta califica como “viejo lugarteniente de haciendas líricas, (“en y de Tayacaja”).

En fin, poemario, dice el prologuista, que pertenece a “antiguas liturgias, donde florecieron los hombres de viejas hornacinas, que son nuevas costumbres”.

En fin, poemario, dice el prologuista, que pertenece a “antiguas liturgias, donde florecieron los hombres de viejas hornacinas, que son nuevas costumbres”.

Cada poema, como expresa inteligentemente el poeta prologuista, es “un río temático, que tiene su origen en las vertientes culturales andinas.”

Y en efecto, en ello nos reafirmamos al expresar, por nuestra parte, que Carlos Zúñiga arriba, con el auxilio de su memoria poética, al rescate de aquello que sigue vivo, a pesar del descuido “oficial” y “oficioso”, pues el bardo, con el auxilio de su memoria, puede ayudarnos, empecinadamente, a recuperar aquello que, por los siglos de los siglos, fue nuestro y que allí estaba, a la espera de un lirida, que lo rescatara y nos lo enrostrara.

Libro: Memorias de Santiago Azapara Gala Gran Señor de Tayacaja.

Barrios de los pueblos, diz que olvidados, pero que se encontraban aguardando a su poeta que nos los hiciera ver, “con las vibraciones de la sangre”, enraizada con “la sonrisa nutricia de los frutos”.

Porque, en el fondo, lo que quieren el poeta y su poesía, es “reanimar luceros/ revelar que los cerros son el equilibrio cósmico/ y en su interior/ gentes de memoria prodigiosa/ tejen los hilos de la vida…/para siempre.”

Bellísimo, y muy significativo, es su “Ceremonial a Catalina Wanka”, que es un inalterable “tributo” a nuestro origen, entre este inalterable “fulgor de trinos” en el que ha devenido la creación de nuestro bardo bienamado.

En fin, como todas las obras significativas -en grado sumo- la presente no es solo para leerla, sino para, permanentemente, degustarla, estudiarla, tenerla bien a la mano, máxime en la dura época que atraviesa nuestra república maltratada.

Lírico y épico, el presente texto de Carlos Zúñiga deviene, lo repetimos, en un poemario para gustar y degustar, en medio de la “voluptuosidad de la escritura” que, a la vez, es un “rescate de los sueños” que, aquéllos -para qué nombrarlos- no quisieran que sean, asimismo, las armas que los poetas tenemos para exorcizar ésta y otras pandemias.

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