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Interpretación de la Revolución Rusa y la cultura en José Carlos Mariátegui

Las obras de arte, monopolizadas antes por la aristocracia y la burguesía rusas, en sus palacios y en sus mansiones, se exhiben ahora en las galerías del Estado.

La Revolución Bolchevique también se preocupó en solucionar el problema de la cultura.

Augusto Lostaunau Moscol
Revista Mariátegui
31/07/21

John Reed, en su épico libro 10 Días que Estremecieron al Mundo, nos ha legado un conjunto de escritos que muy bien hilvanados nos permiten tener una idea muy cercana a los primeros días de la revolución Bolchevique de 1917. Las dudas políticas de algunos frente a las muy bien definidas propuestas de Lenin. Así mismo, hace una suerte de cronología de la inicial escasez de los alimentos en las grandes ciudades. Aunque, Reed anota que:

“Naturalmente, los teatros se abrían todas las noches incluso los domingos. Karsavina trabajaba en un nuevo ballet en el teatro María: toda Rusia, que enloquece por la danza, corría a verla. Chaliapin cantaba. En el teatro Alejandro se representaba la Muerte de Iván el Terrible, con la puesta en escena de Meyerhold. Recuerdo haber visto, en una de estas representaciones, a un alumno de la Escuela de Pajes Imperiales que, después de cada acto, se cuadraba correctamente ante el palco imperial, desierto y despojado de sus águilas… El Krivoie Zerkalo había montado suntuosamente Reigen, de Schnitzler”.

La Revolución coincide con el inicio del invierno y, como era común, las ciudades rusas presentaban problemas al momento de abastecer de alimentos a sus ciudadanos. Desde 1905, las protestas sociales por la falta de alimentos se incrementaron, generando mayor malestar hasta convertirse en uno de los tantos motivos que desencadenarían los acontecimientos posteriores.

Hemos dicho que la escasez de alimentos fue uno de los tantos motivos. Ya que, a través de él, también se manifestaba las grandes diferencias sociales de la Rusia Zarista. La Navidad Aristocrática se celebraba en grandes salones lujosamente adornados y colmados de alimentos. Baile, comida y bebida. Los músicos, cocineros y mozos eran testigos de tal derroche de riqueza. Mientras que, en las casas de los obreros y trabajadores, la Navidad era sólo un momento de oración, sin pan ni leche.

Pero, la Revolución Bolchevique no sólo se preocupó por solucionar el problema de la alimentación, la salud o la educación. También, el problema de la cultura y sus diferentes manifestaciones. En la cita anterior del libro clásico de John Reed, se puede percibir que, pese a la escasez, el gobierno revolucionario realizó el mayor esfuerzo por mantener los espacios culturales ahora al servicio de las grandes mayorías.

Las manifestaciones culturales siempre tendrán carácter de clase. La escritura no fue inventada para ser conocida por todos los miembros de una sociedad; por el contrario, en sus inicios, la escritura fue el gran secreto que sirvió para dominar, controlas y explotar a las grandes mayorías. Igualmente sucede con todas las demás expresiones culturales y artísticas.

Pero, pese a todas las opiniones en contra, los revolucionarios bolcheviques lograron –rápidamente- desarrollar una política cultural a favor de las grandes masas obreras y campesinas. José Carlos Mariátegui sostiene que:

“El bolchevismo, descrito como una horda bárbara y asiática, creaba fatalmente, se¬gún el coro innumerable de sus detractores, una atmósfera irrespirable para el Arte y la Ciencia. Se formulaban los más lúgubres augurios sobre el porvenir de la cultura rusa. Todas estas conjetu¬ras, todas estas aprehensiones, están ya liquidadas. La obra más sólida, tal vez, de la revolución rusa, es precisamente la obra realizada en el te¬rreno de la instrucción pública. Muchos hom¬bres de estudio europeos y americanos, que han visitado Rusia, han reconocido la realidad de esta”.

El analfabetismo y la falta de una política cultural es el mejor aliado para que las minorías logren controlar el poder. Sin educación y sin manifestaciones culturales de calidad, las grandes mayorías siempre serán controladas y dominadas. La liberación de un pueblo empieza en las aulas. Esto no es un secreto. Todos lo han dicho y lo han denunciado. Es un lugar común en el discurso político de todos los sectores. Pero, suponemos que olvidan señalar que no toda educación es liberadora y no toda manifestación cultural es revolucionaria. En el poder, la clase burguesa sólo buscan una educación para el sometimiento y manifestaciones culturales alienantes. Lo que sucede en la actualidad (fines del siglo XX e inicios del siglo XXI) es el mejor ejemplo de ello.

Además, la Revolución tiene múltiples problemas que solucionar. Mariátegui afirma que:

“La revolución dio a Lunatcharsky el encargo de echar las bases de una cultura proletaria. Los materiales disponibles para esta obra gigantesca, no podían ser más exiguos. Los soviets tenían que gastar la mayor parte de sus energías materiales y espirituales en la defensa de la revolución, atacada en todos los frentes por las fuerzas reac¬cionarias. Los problemas de la reorganización económica de Rusia debían ocupar la acción del bolchevismo. Lunatcharsky contaba con pocos auxiliares. Los hombres de ciencia y de letras casi todos los elementos técnicos e intelectuales de la burguesía saboteaban los esfuerzos de la revolución. Faltaban maestros para las nuevas y antiguas escuelas. Finalmente, los episodios de violencia y de terror de la lucha revolucionaria mantenían en Rusia una tensión guerrera hostil a todo trabajo de reconstrucción cultural”.

Para las grandes mayorías, los principales problemas son: Trabajo, Alimentación y Salud. Entonces, los revolucionarios eran presionados por quienes deseaban que, de manera rápida, se soluciones esos “tres problemas vitales”. Incluso, los antirrevolucionarios disfrazados y escondidos, se encargaban de difundir rumores sobre la ineficiencia de los Bolcheviques para solucionarlos. Lo que significa que, el nuevo Estado revolucionario cuenta con muy pocos recursos para destinar a la Educación y la Cultura. Fue Lunatcharsky quien diseño, planificó y ejecutó el mayor programa educativo y cultural de la historia de la primera parte del siglo XX. Educar, instruir y elevar culturalmente a miles de ciudadanos que pensaban como siervos.

Incluso, Rusia enfrentó un saqueo de su pasado cultural. Las familias burguesas que abandonaban el país pretendían sustraer de él, toda forma de cultura material que consideraban monetariamente valiosa. Pinturas, esculturas, cerámicas, etc. pretendían ser contrabandeadas a occidente. En Europa y Estados Unidos, traficantes de obras de arte y coleccionistas privados inescrupulosos alentaban el saqueo. José Carlos Mariátegui indicó que:

“El patrimonio artístico de Rusia ha sido íntegramente salvado. No se ha perdido ninguna obra de arte. Los museos públicos se han enriquecido con los cuadros, las estatuas y reliquias de colecciones privadas. Las obras de arte, monopolizadas antes por la aristocracia y la burguesía rusas, en sus palacios y en sus mansiones, se exhiben ahora en las galerías del Estado. Antes eran un lujo egoísta de la casta dominante; ahora son un elemento de educación artística del pueblo. Lunatcharsky, en éste como en otros campos, trabaja por aproximar el arte a la muchedumbre. Con este fin ha fundado, por ejemplo, el Proletcult, comité de cultura proletaria, que organiza el teatro del pueblo. El Proletcult, vastamente difundido en Rusia, tiene en las principales ciudades una actividad fecunda. Colaboran en el Proletcult, obreros, artistas y estudiantes, fuertemente poseídos del afán de crear un arte revolucionario”.

Antes de la Revolución Bolchevique, los niños y jóvenes de la burguesía que aspiraban ser artistas, lo podían ser. Estudiarían en alguna escuela de Moscú o saldrían al extranjero; en cambio, los hijos de la clase trabajadora y campesina, los siervos, no tenían las mismas posibilidades. El hijo del obrero, al crecer, también sería obrero, mientras que, el hijo del campesino, seguiría labrando la tierra ajena por generaciones. Existieron muy raras excepciones. Pero, jamás “la excepción confirma la regla”. Luego de la Revolución Bolchevique, el acceso al arte se democratizó.

Luego de la Revolución Bolchevique, el acceso al arte se democratizó.

Ahora, el Estado está obligado a educar a todos. Los hijos de las familias más pobres también podrán ser artistas o bailarines de ballet. Los Bolcheviques saben muy bien que las artes, los deportes y los colores son simplemente artes, deportes y colores. No son manifestaciones ni de sexo ni de género. Un niño bailando ballet es igual a una niña bailando ballet; una niña jugando futbol es igual a un niño jugando futbol. Se ha creado una leyenda negra que es fácil de destruir.

Pero, la Revolución Bolchevique no sólo era una esperanza, también tenía que ser una realidad. Mariátegui escribe:

“En una conversación con Herriot, Lunatchars¬ky ha trazado así los rasgos esenciales de su po¬lítica educacional: “Ante todo, hemos creado la escuela única. Todos nuestros niños deben pasar por la escuela elemental donde la enseñanza du¬ra cuatro años. Los mejores, reclutados según el mérito, en la proporción de uno sobre seis, siguen luego el segundo ciclo durante cinco años. Des¬pués de estos nueve años de estudios, entrarán en la Universidad. Esta es la vía normal. Pero, para conformarnos a nuestro programa proletario, hemos querido conducir directamente a los obreros a la enseñanza superior. Para arribar a este resultado, hacemos una selección en las usinas entre trabajadores de 18 a 30 años. El Estado aloja y alimenta a estos grandes alumnos. Cada Universidad posee su facultad obrera. Treinta mil estudiantes de esta clase han seguido ya una enseñanza que les permite estudiar para ingenieros o médicos. Queremos reclutar ocho mil por año, mantener durante tres años a estos hombres en la facultad obrera, enviarlos después a la Universidad misma”. Herriot declara que este optimismo es justificado”.

Los profesionales burgueses han huido detrás de sus patrones. Rusia necesitaba de profesionales para poder desarrollar su proyecto político industrial y productivo. Inmediatamente ubicaron a aquellos obreros que, con mucha experiencia laboral, sólo les faltaba contar con los conocimientos científicos propios de su actividad. De esta manera, la Revolución también mejora la vida de quienes tienen 30 años. La planificación funciona. Un Estado responsable dirigido por intelectuales capaces de llevar a la práctica política todo aquello que alguna vez discutieron en aulas y auditorios universitarios. Mariátegui sentenció:

“La escuela, la universidad de Lunatcharsky están modelando, poco a poco, una humanidad nueva. En la escuela, en la universidad de Lunatcharsky se está incubando el porvenir”.

Cuando la educación es un derecho, nace una nueva humanidad; cuando la educación es un negocio, la humanidad se hunde en el peor pasado de explotación y dominación.

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