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Vigencia de carta de Alberto Flores Galindo

Alberto Flores Galindo siguió creyendo en un proyecto socialista.

Desde la década de los 70´s. Los partidos políticos, las organizaciones políticas, los sindicatos y gremios, fueron dejados de lado.

Augusto Lostaunau Moscol
Revista Mariátegui
31/07/21

En un texto nuestro (Los Cuatro Historiadores peruanos Connotados del Siglo XX), hemos indicado que:

“El último historiador peruano connotado del siglo XX, fue Alberto Flores Galindo, quien falleció un 26 de marzo de 1990, luego de padecer un cáncer muy raro. Nacido en El Callao (28 de mayo de 1949) fue nieto del también famoso Federico Flores Galindo, uno de los primeros impulsores del rescate de la gastronomía peruana”.

Y, pese a que esa afirmación ha determinado que algunos sectores de la “academia” nos acusen de todo aquello que se puedan imaginar –incluso hasta nos han cerrado las puertas de algunos puestos laborales-, nos reafirmamos en sostener que con la muerte de Félix Alberto Flores-Galindo Segura, hace 30 años, los historiadores hemos dejado de ser el centro de las Ciencias Sociales para convertirnos en simples conejillos de indias. Las actuales Escuelas de Historia ya no aplican el pensamiento crítico; por el contrario, todos se han vuelto simples consumidores de información masticada en el extranjero.

Es por ello que, la carta de despedida que fue leída durante el velorio en la Casona de San Marcos, cobra mucha vigencia. Sabemos que se realizarán muchos homenajes donde se presentará a un Flores Galindo “domesticado”. Intencionalmente, ocultarán al historiador marxista que aplicó el método dialéctico y reconoció la lucha de clases. Al historiador de izquierda que creyó en el socialismo como alternativa real, concreta y viable frente al debacle del capitalismo. Incluso, algunos –años anteriores- ha realizado sus propios homenajes con mucho interés particular, donde “destacaron” que ellos también conversaban con Pablo Macera en su casa; que ellos también viajaron y estudiaron en Francia; que ellos también escribieron libros sobre la Utopía Andina; etc. No es el homenaje sincero al amigo que partió primero; por el contrario; es sólo sacar provecho para poder lograr un puesto en el Estado.

En su carta de despedida (que algunos denominaron Testamento Político), Flores Galindo indicó que:

“Aunque muchos de mis amigos ya no piensen como antes, yo por el contrario, pienso que todavía siguen vigentes los ideales que originaron al socialismo: la justicia, la libertad, los hombres. Sigue vigente la degradación y destrucción a que nos condena el capitalismo, pero también el rechazo a convertirnos en la réplica de un suburbio norteamericano”.

La caída del Muro de Berlín no sólo significó la caída de varios modelos socialistas reales; también significó el término de las becas, de los viajes pagados a la Europa oriental, del financiamiento de estudios sobre el campesinado y el proletariado; del dinero para publicar revistas y libros; del alquiler de oficinas y locales para sus ONG´s; es decir, las carencias del mundo socialista se convertían en una realidad difícil de soportar para muchos que estaban acostumbrados a vivir ¡de criticar al capitalismo”. Entonces, cuando Francis Fukuyama publicó El Fin de la Historia, todos ellos se pusieron a leer el dichoso libro de moda. Porque, para todos esos intelectuales, el marxismo fue sólo una moda. Por el contrario, Alberto Flores Galindo siguió creyendo en un proyecto socialista. Siguió creyendo en la justicia, la libertad, los hombres.

Pero, también siguió creyendo en la amistad. Por eso, pese a que sus antiguos amigos marxistas ahora eran sus amigos posmodernos y neoliberales; él los siguió considerando como sus amigos. Sólo una persona íntegra puede hacer eso. Eran años de convivencia, de temores, logros y sueños que no pueden borrarse sólo porque a otros se les ocurre traicionar. Por ello, Flores Galindo indicó que:

“En otros países el socialismo ha sido destruido; aquí, como proyecto y realización, sigue teniendo vigencia, si somos capaces de volverlo a pensar, de imaginar otros contenidos. Encontrar el futuro. Nada de esto está de moda. Es ir contra la corriente. También debemos enfrentarnos a los cultores de la muerte o a aquellos que sólo piensan en repetir las recetas de otros países. El desafío, además, donde están en juego nuestras vidas y la edificación del país. ¿Una sucursal norteamericana? ¿Un país andino? ¿Será posible el socialismo?”.

Pese a la crisis mundial del socialismo real y del pensamiento socialista. Pese a la presencia de Sendero Luminoso que asesinó por la espalda a miles de campesinos y trabajadores peruanos pobres. Pese al desánimo y la traición. Alberto Flores Galindo siguió creyendo que el socialismo era la única opción válida para el Perú. Pero, como dijo José Carlos Mariátegui, la construcción del socialismo en el Perú se debe caracterizar por ser un trabajo sostenido sobre dos pilares: “Ni calco ni copia” y “Creación heroica”. Es así que determina que construir el socialismo en el Perú a fines del siglo XX, no es estar a la moda y, por el contrario, es ir contra la corriente.

Pese al desánimo y la traición. Alberto Flores Galindo siguió creyendo que el socialismo era la única opción válida para el Perú.

En las Ciencias Sociales, “la moda marxista” de los 60´s y 70´s, llegó a su fin en la década de los 80´s. Ya no era fácil ser marxista en un país donde el Estado se encontraba en guerra contra los grupos subversivos. Decirse marxista en aquel momento histórico era tener que decidir sobre el futuro del país. Eso asustó a muchos que, poco a poco, fueron dejando sus escritos juveniles para –a la inversa de José Carlos Mariátegui- acercarse a posiciones más cómodas para el sistema. Incluso, inventaron la idea que el marxismo es de “jóvenes”; pero, “cuando tengas hijos, dejarás todo”, como decía un impresentable en la UNFV. Eso no es cierto. José Carlos Mariátegui murió marxista con 5 hijos. Alberto Flores Galindo murió marxista con 2 hijos. Ambos, no utilizaron a sus hijos para tapar cobardías; por el contrario, soñar un país realmente justo para sus hijos fue lo que determinó su marxismo. Sus hijos heredaron una obra limpia y digna de ser leída y continuada.

Incluso, el texto final de su vida, sirvió para hacer un mea culpa:

“Ahora muchos han separado política de ética. La eficacia ha pasado al centro. La necesidad de críticas al socialismo ha postergado el combate a la clase dominante. No sólo estamos ante un problema ideológico. Está de por medio también la incorporación de todos nosotros al orden establecido. Mientras el país se empobrecía de manera dramática, en la izquierda mejoraban nuestras condiciones de vida. Durante los años de crisis, gracias a los centros y las fundaciones, nos fue muy bien y terminamos absorbidos por el más vulgar determinismo económico. La situación se extrapoló. En el otro extremo quedaron los intelectuales empobrecidos, muchos de ellos provincianos, a veces cargados de resentimientos y odios”.

Ese fue el camino de la izquierda peruana desde la década de los 70´s. Los partidos políticos, las organizaciones políticas, los sindicatos y gremios, fueron dejados de lado. Ahora, las ONG´s se convirtieron en el lugar preferido para pensar el futuro socialista del país. Se engañó a la clase obrera y a la clase campesina. El socialismo peruano no surgirá de una oficina amoblada o de una cátedra en una universidad privada; por el contrario, el socialismo peruano surgirá donde confluyan los sueños y las pesadillas de las grandes mayorías. Se habló de pobreza en medio de banquetes. Se escribieron más tesis, artículos y libros sobre comedores populares de los que realmente existieron. El socialismo fue una moda para la gran mayoría. Ser de izquierda también. Aunque, cualquier cosa se puede decir de izquierda. Y Flores Galindo se preocupó por aquellos intelectuales de izquierda que no “gozaban” de las nuevas comodidades. No los denominó –de manera huachafa- Profetas del Odio; pero reconoció que rencores y odios se anidaron en ellos. Así, la izquierda colapsó y colisionó en los 80´s. Entre quienes pensaban que el socialismo era un buen pretexto para ir a banquetes todas las semanas, y quienes pensaban que con el socialismo se eliminarían a todos aquellos que banqueteaban todas las semanas.

Por ello, en su texto termina rompiendo y denunciando a quienes han fracasado como marxistas y han decidido traicionar para ocultar su fracaso. Indicó que:

“Estamos demasiado acostumbrados a leer y repetir. Saber citar. Pero si se quiere tener futuro, ahora más que antes, es necesario desprenderse del temor a la creatividad. La derecha avanza en todos los terrenos. Están listos militarmente. También dan la ilusión de un nuevo discurso. Un discurso en realidad cínico, que tiene tras suyo muchos muertos. Pero para ser admitidos esos izquierdistas que frecuentan mas las recepciones que las polémicas, y cultivan los buenos modales, se visten a la medida”.

No cabe duda que, pese a su grave enfermedad que no le permitió culminar sus trabajos planificados, siguió muy de cerca el nuevo escenario que poco a poco aparecía entre fines de la década de 1980 y los inicios de la década de 1990. El rompimiento de Izquierda Unida fue uno de los elementos que marcó el inicio del fin. La izquierda peruana jamás dejó de lado su viejo vicio de fraccionarse. Cada “discrepancia” significó un rompimiento. Cada rompimiento, significó que militantes dejen su militancia y algunos dirigentes pasen a filas contrarias. Algunos siendo jóvenes apoyaban las luchas campesinas, luego –en el poder- estuvieron de acuerdo con criminalizar la protesta social. Percibió claramente que el discurso que empezó a utilizar el Movimiento Libertad, era el viejo discurso populista de derecha que ha originado más guerras que periodos de paz. Y llegó a comprender que la coyuntura sería utilizada para un nuevo Golpe de Estado e imponer un modelo mucho más duro y antipopular. Lo que vio con desagrado es que, muchos “izquierdistas marxistas” ya estaban de acuerdo con la economía de libre mercado y reducir las demandas sociales a simples derechos individuales.

Llega a advertir que:

“Sospecho que no hay tiempo indefinido. Desde el siglo XVI, las culturas andinas excluidas y combatidas, han podido resistir, cambiar y continuar. Fueron derrotados en el siglo XVIII. Desaparece entonces la aristocracia andina, se combate la sociedad de campesinos, se deporta y extermina a sus miembros. Sin embargo subsistirá el mundo campesino. En el siglo XX nuevos enfrentamientos. Primero a principios de la década de 1920, después alrededor de 1960 y ahora. El capitalismo no necesita de ese mundo andino, lo ignora. Se propone desaparecerlo. Dispone de instrumentos y posibilidades que antes no tenía. Esto ha sucedido en otros lugares pero aquí no es inevitable destruirlo”.

Recurre a la historia –su profesión- para entender el presente y dar luces sobre lo que puede suceder en el futuro. Como toda ciencia, la Historia también puede predecir. Como toda ciencia, las predicciones de la Historia no son precisas. La predicción histórica se realiza teniendo en cuenta algunas constantes del comportamiento de los actores sociales a través del tiempo. Como actor social presente en el Perú desde fines del siglo XIX, el capitalismo al penetrar a nuestra sociedad, va destruyendo sus costumbres y tradiciones que no le son útiles; también, reprocesa aquellas costumbres y tradiciones que le son útiles. De una u otra forma, para el capitalismo, el mundo andino debe ser destruido. La Minka o trabajo comunitario y solidario, ya no debe existir. Ahora, es tiempo de individualidades. Las cosechas no se pueden planificar. Ahora se produce lo que manda el mercado y sus precios.

Y para terminar, demostrando su humildad, indicó que:

“No se tome todo esto como una crítica por alguien -insisto- que se imagina por encima. Todo lo contrario. Es en parte una autobiografía. Termino evitando ponerme como ejemplo de cualquier cosa. Lo cierto es que en pocos sitios hemos tenido una intelectualidad tan numerosa pero a la vez tan poco creativa. Incapaz de dar a su propio país la posibilidad de un marxismo nuevo. Insisto que mientras en muchos otros países latinoamericanos el socialismo ha sido destruido, aquí sigue vigente. Todavía. A pesar de estar arrinconado”.
Y la obra de Alberto Flores Galindo sigue vigente, pese a que muchos que lo llaman “Tito”, la han arrinconado.

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